La evaluacion rapida
Introducción
Durante las últimas décadas, en América
Latina se ha dado una profunda crisis económica y política, con procesos de
ajuste estructural y tendencias de desarrollo de corte neoliberal; con escasa
participación social en la toma de decisiones sobre estos cambios, antes, más
bien, autoritarios y escasamente transparentes; debido, sobre todo, a sistemas
políticos muy centralizados, elitistas, antidemocráticos y corruptos. Como
resultado de esto, en la región se acentuó la pobreza, se incrementó la
concentración de riqueza y se multiplicaron los problemas sociales (violencia,
delincuencia, violación a los derechos humanos, discriminación y narcotráfico)
(Valarezo, 1995).
Organismos de Naciones Unidas, ONU (como la
organización para la Agricultura y la Alimentación, FAO, y el Programa para el
Medio Ambiente, PNUMA), señalan firmemente la necesidad de nuevas perspectivas
y maneras de promover el desarrollo rural para detener o revertir el deterioro
ambiental, donde se incluyan sobre todo criterios socialmente más
participativos. Durante décadas, el gobierno mexicano mantuvo en el campo una
política de buenas intenciones y manejos paternalistas (Martínez et al., 1999). Es decir, los
programas y apoyos de desarrollo rural no trataban de crear alternativas
viables para los campesinos, más bien, éstos se basaban en elevar la producción
a bajos costos para subsidiar el crecimiento industrial y, por ende, el
crecimiento urbano, así como mantener la paz en el campo con actitudes
paternalistas y control político. La respuesta campesina fue justamente la
indiferencia y la aceptación de planes y proyectos que no representaban sus
intereses, mientras que la realidad se agravaba ya que muchas veces las
actividades y tecnologías aplicadas no eran las adecuadas para las
características ambientales de la zona (Martínez et al., 1999).
Considerando que en México gran parte de
las áreas rurales se componen principalmente de identidades colectivas que se
conforman de propiedades comunales (forma de organización tradicional de los
pueblos indios mexicanos), en la actualidad se reconocen como terrenos ejidales
o ejidos (González, 2001). Generalmente, las comunidades rurales, debido a las
condiciones de pobreza en que se encuentran (ocho de cada diez familias rurales
son pobres y cuatro de esas ocho están en extrema pobreza), se ven obligados a
realizar una explotación intensiva de sus recursos y a utilizar en determinadas
actividades predios que no tienen el potencial adecuado (Carabias et al., 1994). Por ello,
consideramos que las comunidades rurales dependen en gran medida de sus
recursos naturales, lo que demuestra su importancia para resguardar un área
natural, ya que ellas pueden operar como aliadas de la protección biológica y
la diversidad genética in situ (Bocco et al., 2000).
Actualmente, la preocupación de diferentes
sectores sociales ante la crisis ambiental por la que atraviesa la humanidad
hace necesaria la búsqueda de nuevas alternativas que favorezcan la protección,
conservación y uso adecuado de los recursos naturales, en especial en regiones
bajo fuertes presiones ambientales y socioeconómicas (Bocco et al., 2000).
La experiencia que se describe en este
trabajo aborda el papel de la investigación participativa entre áreas rurales
inmersas en un área natural protegida (ANP), el sector académico y
organizaciones no gubernamentales (ONG). El objetivo principal de este estudio
es facilitar a la comunidad de Bonfil una evaluación del uso de sus recursos
naturales, priorizar los problemas y soluciones en el manejo de tales recursos
(por medio de la ERP) y ofrecer pautas para formular un plan de manejo comunitario de los recursos naturales. La
hipótesis planteada por el grupo investigador fue: la comunidad de Bonfil hace
uso de los recursos naturales cercanos a sus casas y su cultura y costumbres
están influenciadas por las características ambientales de su entorno natural.
Evaluación rural participativa
La evaluación rural participativa (ERP)
estima que la colaboración social es un ingrediente fundamental para elaborar proyectos,
impulsar un mejoramiento sustantivo en la calidad de vida local y conservar los
recursos naturales. El método de ERP derivó de la evaluación rural rápida (ERR)
y se utilizó por primera vez a comienzos de la década de los ochenta (Chambers,
1983, 1991, 1993). Constituye un enfoque participativo o un marco metodológico
para obtener, evaluar y analizar, en un periodo corto, información relevante
sobre las realidades rural y urbana. Su propósito es dar prioridad a los
problemas esenciales, identificar y planificar posibles acciones concretas y
estimular la discusión (Chambers, 1992a, 1992b). Este enfoque involucra a la
población local en la investigación y análisis, considera el conocimiento de la
población local como punto de partida y pone énfasis en el aprendizaje mutuo
entre la población. De acuerdo con Geertz (1994), cada grupo social tiene una
manera de interpretar la realidad y relacionarse con ella; desde esta dimensión
(subjetiva de la vida social) dan sentido y orientación a sus acciones, por lo
que se considera imprescindible ubicar y reconocer el conocimiento local.
Las herramientas participativas y el
trabajo comunitario son procesos que permiten crear espacios para compartir el
conocimiento local (Centro Internacional para el Ambiente y el Desarrollo,
1993; Chambers, 1996), las experiencias cotidianas y el conocimiento ecológico
tradicional de las comunidades, lo cual posibilita la libre expresión, el
análisis y la discusión de la propia realidad local (Vázquez y Montenegro,
1999; Berkes et al.,
2001).
La ERP se basa en la premisa de que es
frecuente que la solución a los problemas sobre el manejo de recursos se
encuentre en la propia comunidad, por lo que definir tales problemas requiere
del consenso entre los diferentes grupos de usuarios, tanto para priorizar las
dificultades como para proponer posibles soluciones; es decir, la
evaluación-planeación en conjunto sobre el uso de los recursos naturales en el
ámbito local (Pretty et al.,
1991, 1993, 1995). Así, la ERP sólo podrá ser útil cuando se den estas
condiciones fundamentales para la negociación, donde las comunidades están
convencidas de participar (Leewis, 2000).
El enfoque de la ERP incluye los términos rural y evaluación, pero Robert
Chambers, uno de los principales representantes en este campo, observa que los
términos a veces son un problema, pues rural es un término al que se le dan muchas
aplicaciones, y la palabra evaluación es muy limitada porque la ERP es un
proceso que implica mucho más que la simple evaluación (Chambers, 1995). Para
otros autores, evaluar es una actividad participativa que requiere una
perspectiva y un equipo interdisciplinarios, tanto evaluadores internos
(representantes de la comunidad) como externos (técnicos, facilitadores), y
tiene un proceso cíclico cuyo objetivo principal es fortalecer el sistema que
se evalúa así como la metodología utilizada (Macías et al., 2006).
La ERP se ha usando ampliamente en África y
en Asia, aunque es menos conocida en América Latina. Hay quienes consideran que
aunque el lenguaje de este método no es tan explícito como los enfoques
auténticamente latinoamericanos (por ejemplo, la
investigación-acción-participativa, IAP), comparte algunos de sus elementos
clave, al tiempo que ofrece una amplia variedad de métodos y técnicas avalados
por la experiencia. Dentro de los elementos esenciales de la ERP se encuentran
(Chambers, 1995):
• Equipo multidisciplinario con una
variedad de habilidades y antecedentes.
• Claridad en cuanto al espacio, proyecto, personas, géneros y costumbres.
• Uso de diferentes métodos, fuentes, disciplinas e informantes en diferentes lugares para realizar controles cruzados en aproximaciones sucesivas.
• Los miembros de la comunidad participan en la evaluación.
• Los investigadores principales trabajan en contacto directo, cara a cara y en el campo.
• Cambio de papeles: se aprende de y con la comunidad rural acerca de sus criterios y categorías.
• Ignorancia óptima e imprecisión aproximada: al no descubrir ni medir más de lo necesario y pasar por alto lo que no es necesario.
• Análisis en el lugar mismo para determinar qué se debe sugerir.
• Preferencia por la conducta, las actitudes y la afinidad por encima de los métodos.
• Cultura para compartir la información, los métodos, el alimento, las experiencias de campo, etcétera.
•Conciencia autocrítica en relación con nuestras actitudes y conductas.
• Claridad en cuanto al espacio, proyecto, personas, géneros y costumbres.
• Uso de diferentes métodos, fuentes, disciplinas e informantes en diferentes lugares para realizar controles cruzados en aproximaciones sucesivas.
• Los miembros de la comunidad participan en la evaluación.
• Los investigadores principales trabajan en contacto directo, cara a cara y en el campo.
• Cambio de papeles: se aprende de y con la comunidad rural acerca de sus criterios y categorías.
• Ignorancia óptima e imprecisión aproximada: al no descubrir ni medir más de lo necesario y pasar por alto lo que no es necesario.
• Análisis en el lugar mismo para determinar qué se debe sugerir.
• Preferencia por la conducta, las actitudes y la afinidad por encima de los métodos.
• Cultura para compartir la información, los métodos, el alimento, las experiencias de campo, etcétera.
•Conciencia autocrítica en relación con nuestras actitudes y conductas.
El método de ERP se ha aplicado en
comunidades de diversas regiones de África, Asia, Europa y Centroamérica
(Centro Internacional para el Ambiente y el Desarrollo, 1993). En México se
tienen experiencias con enfoque participativo desde 1965 (corrientes
filosóficas influyentes: teología de la liberación de Boff, educación popular
de Freire, investigación participativa militante de Fals Borda y Rahman y democracia
participativa y ecología social de Murray Bookchin), y a finales de 1980 la
versión inglesa del diagnóstico rural rápido (Macías et al., 2006).
En los últimos 10 años, en México aumentó
el uso de alternativas para el desarrollo participativo, tanto enfoques y
métodos de participación social como diagnósticos y evaluaciones en los ámbitos
comunitario y regional, entre los que destacan: la evaluación rural
participativa, el diagnóstico rural rápido, la investigación participativa y la
investigación-acción-participativa (IAP), con lo que la colaboración en la
planeación del desarrollo ha sido ampliamente aceptada como herramienta
metodológica en programas del sector rural de los dos últimos gobiernos. Por lo
que tanto los gobiernos como algunas instituciones internacionales de
financiamiento (como el Banco Mundial) han impulsado la utilización de estas
metodologías (Negrete y Bocco, 2003; Macías et
al., 2006).
De esta manera, en México se tienen
experiencias recientes de uso de metodologías para la participación social en
las que se aplicó una herramienta o la combinación de varias, como en el caso
del diseño e implementación del sistema de monitoreo y evaluación
participativa: la experiencia en Calakmul, Campeche, donde, además de la
aplicación de la ERP, se utilizaron diversas metodologías de la IAP; el
ordenamiento territorial en Santa Martha, municipio de Chenalhó, Chiapas (Pool et al., 1997); el ordenamiento
ecológico y actividades de ecoturismo y educación ambiental en la comunidad de
Nuevo San Juan Parangaricutiro, Michoacán (Bocco et al., 2000). El Grupo de
Estudios Ambientales, A.C. tiene más de 10 años de experiencia de interacción
entre 30 comunidades marginadas y una organización campesina regional en varias
líneas de trabajo, entre las que destacan: el Programa de Manejo Campesino de
Recursos Naturales y Sistemas Agroalimentarios que desarrollan conjuntamente
las comunidades, la Sociedad de Solidaridad Social (SSS) Sanzekan Tienmi; y el
Proyecto de Conservación de la Biodiversidad por Comunidades Indígenas de los
estados de Oaxaca, Michoacán y Guerrero (Coinbio), que desde hace tres años
incorpora recursos financieros nacionales e internacionales para apoyar algunas
iniciativas de ejidos y comunidades en materia de fortalecimiento de
capacidades locales para un mejor conocimiento de su biodiversidad, mediante,
entre otras actividades, talleres participativos comunitarios e inventarios
florísticos. El Coinbio es un proyecto que opera en los tres estados
mencionados a partir del año 2001 y su principal objetivo es apoyar y
fortalecer las iniciativas comunitarias de conservación de ecosistemas y
biodiversidad a partir de los propios esquemas y modelos comunitarios (Anta,
2006; Granich, 2006).
Área de estudio
En Baja California Sur la mayoría de las
localidades son rurales: de un total de 2,743 poblados, 99.3% son rurales, sin
embargo, la mayoría de las personas habita en las pocas localidades urbanas; ya
que de 424,041 habitantes con que cuenta el estado, sólo 18.7% vive en áreas
rurales (INEGI, 2000a). Prácticamente toda la entidad está dividida en terrenos
ejidales, en total son 100 ejidos (INEGI, 2000b). De acuerdo con las costumbres
y la cultura de la población rural, es importante reconocer y caracterizar a
estas comunidades, sobre todo en cómo usan y manejan sus recursos naturales.
De la superficie total de BCS, 40% cuenta
con algún decreto que la establece como área natural protegida (ANP), con lo
que se ubica como el primer estado que aporta mayor cantidad de territorio con
ANP al país (CONANP, 1999). Esto nos indica su gran importancia ecológica
nacional e internacional por las características de los ecosistemas que lo
conforman: elevada biodiversidad, endemismo, presencia de especies en peligro
de extinción, así como el potencial económico de los recursos naturales del
territorio. Más adelante se describe el aspecto biofísico de esta región.
En el conjunto de ANP del estado se
encuentra la reserva de la biosfera El Vizcaíno, la segunda más extensa de
América Latina con 2’546,790 ha. Dentro de ésta se ubica el ejido Bonfil –área
de estudio del presente trabajo–, que es un conjunto de comunidades rurales que
pertenecen al municipio de Mulegé, al norte de Baja California Sur. El ejido
Bonfil obtuvo resolución presidencial, en el Diario
Oficial de la federación el
27 de junio de 1975, para dotarlo con 514,575 ha de territorio y así
convertirlo en uno de los ejidos de mayor extensión territorial del país. Aproximadamente
50% del territorio ejidal está dentro de la reserva de la biosfera El Vizcaíno.
Para el desarrollo del Taller de evaluación
rural participativa (TERP) se regionalizó el territorio ejidal en las
siguientes áreas: 1) Mulegé, 2) núcleo Bonfil y 3) Santa Martha (figura I).
Cada área comprende una cantidad variada de rancherías y asentamientos humanos
dispersos.
Metodología
El presente estudio es un trabajo
sociológico con enfoque multidisciplinario (participaron investigadores
sociales, economistas y biólogos) donde se utilizaron metodologías de
investigación cualitativas, básicamente herramientas y técnicas usadas en la ERP.
Además se hicieron observaciones directas en campo mediante una relación
continua con las comunidades a lo largo de más de un año. Las fuentes primarias
y documentales fueron los principales medios para obtener información. Se
hicieron revisiones bibliográficas y cartográficas, entrevistas (con una guía
semiestructurada), charlas informales, reuniones con grupos focales (líderes de
las comunidades), mapas participativos (diagrama realizado por cada dueño de
parcela donde incluyó las actividades y los objetos más importantes de su área
de trabajo), análisis de calendario por estación y uso del tiempo diario por
género, cronología de las comunidades (en reuniones convocadas, por medio de
narraciones los habitantes estructuraron entre todos la historia de la comunidad),
matrices de problemas prioritarios y sus soluciones (los que miembros de la
comunidad consideraron más urgentes).
En cuanto a metodologías específicas por
género, se aplicó: 1)
análisis de calendario por estación para describir la distribución y ocupación
de actividades y 2) uso
del tiempo diario para hombres y mujeres en cada hogar, generalmente
desarrollados por el padre y la madre (ambos anotaron sus actividades por cada
temporada del año y por hora del día).
Previo a la aplicación del taller de ERP,
miembros de la ONG Bonfil, Ambiente y Desarrollo, A.C. e integrantes del grupo
de investigadores participantes mantuvieron una relación por espacio de un año
con diversas personas de las comunidades del ejido, por medio de reuniones y
pláticas informales. Durante estas comunicaciones se planteó la idea de evaluar
el manejo de los recursos naturales. Cuando hubo consenso entre el grupo
facilitador –la ONG, los investigadores y diversos miembros del ejido– en
cuanto a que existía convicción e interés para aplicar la ERP, se emprendió el
proceso de evaluación.
Con una duración de poco más de cuatro
meses, el TERP se elaboró en tres etapas: a)
introducción y sensibilización a la comunidad sobre los beneficios de la ERP, b) capacitación al grupo
facilitador en el uso de las herramientas y técnicas, y c) aplicación del taller (tabla
1).
Resultados
Descripción ambiental del ejido
Este territorio comprende a la región
geológica Sierra de la Giganta (Padilla y Troyo, 1991), cuya geodinámica
incluye vulcanismo, sedimentación y mineralogía. De acuerdo con la
clasificación fisiográfica, esta área pertenece a la provincia de Baja California,
constituida por una región de sierras altas (400 a 600 msnm, excepto las
serranías de Tres Vírgenes con altitudes máximas de 2,100 m) y bajas (lomeríos
menores a 300 msnm). En cuanto al clima, se reconoce como zona muy seca o árida
y seca cálida BW (h') s ('x)(I'), con temperatura media anual mayor a 22° C,
con un porcentaje de lluvia en verano o invierno de 5 a 10 mm y oscilación
térmica extremosa (Salinas et
al., 1991). En lo referente a la flora, comprende porciones de dos
subdivisiones del desierto sonorense: desierto del Vizcaíno y una porción menor
que es Costa del Golfo. Aproximadamente 9% de la flora se reconoce como
endémica de la región geográfica global y sus formas corresponden a árboles,
arbustos, herbáceas, arrosetadas y cactáceas (columnares, cilíndricas, globosas
y cespitosas) (León y Coria, 1992). Con respecto a la fauna, se considera que
actualmente los vertebrados de este lugar se conforman de una mezcla de la
Región del Cabo y del macizo continental –sobre todo del sudoeste de Estados
Unidos y del noroeste de México–, y se reconoce como fauna del Vizcaíno Sur, la
cual se considera como una verdadera
isla ecológica, pues está apartada del resto de la península por factores
ambientales debido a que es uno de los desiertos más áridos de Norteamérica.
Entre los ejemplares más representativos se encuentran: venado bura (Odocoileus
hemionus peninsulae), borrego cimarrón (Ovis canadensis weemsi),
zorra del desierto (Vulpes macrotis devia), puma (Felix concolor),
gato montés (Linx rufus), coyote (Canis latrans), halcón
peregrino (Falco peregrinus), águila real (Aquila chrysaetos),
águila pescadora (Pandion haliaetus), entre otros (Galina et al., 1991, 2003).
Características socioeconómicas
Los asentamientos poblacionales en este
ejido se dieron en diversas fechas. De acuerdo con los datos cronológicos
obtenidos durante el TERP aplicado en el núcleo Bonfil, las primeras familias
llegaron en 1977 provenientes del estado vecino de Baja California Norte, sobre
todo del valle de San Quintín y Ensenada –aunque en general los orígenes de
estas personas son los estados del centro y sur de México–, y sus principales
actividades eran la agricultura y la ganadería. Poco tiempo después, en los
inicios de 1980, se incorporaron al sistema ejidal de Bonfil los ranchos
ubicados dentro de los límites oficiales del territorio ejidal, asentamientos
localizados en la sierra de Santa Martha y Mulegé (figura I)
cuyos pobladores en su mayoría pertenecen a familias nativas de la región
descendientes directos de colonizadores extranjeros, principalmente europeos
(Jordán, 1987). Así pues, el ejido Bonfil es una mezcla de costumbres, formas
de pensar, necesidades y deseos diferentes, aspectos que con el tiempo les han
dado características que los hacen parte de su entorno.
Actualmente la población se compone de 700
personas (155 ejidatarios con sus respectivas familias) influenciadas
directamente con el sistema ejidal de Bonfil. Las comunidades están
distribuidas de sur a norte (figura I)
de la siguiente manera:
1) En
Mulegé se encuentran 50 ejidatarios que se dedican a la agricultura (huertas de
cítricos, dátil criollo y pastizales), la ganadería, la pesca y el turismo de
playa (rentan predios en la franja costera de las playas de Santa Inés y Bahía
Concepción). Alrededor de 25 ejidatarios más viven dispersos en poblados y
rancherías de las serranías, desde Santa Águeda hasta el sur de San José de
Magdalena, y sus principales actividades son la cría de ganado bovino y
caprino, así como el cultivo de huertas frutales.
2) En la
comunidad núcleo del ejido viven 50 ejidatarios dedicados al cultivo de una
variedad mejorada de dátil y diversas hortalizas, legumbres y frutas
(principalmente cítricos) y a la cría –para autoconsumo– de ganado bovino y
caprino así como de aves de corral. Riegan los cultivos con agua que extraen de
acuíferos; existen cinco pozos que funcionan por bombeo alimentados con energía
eléctrica.
3) En
San Francisquito y Santa Martha viven alrededor de 25 familias de ejidatarios
que también crían ganado bovino y caprino, actividad que combinan con trabajos
de curtiduría y manufactura de calzado típico de la región. El agua que
utilizan tanto para el desarrollo de sus actividades como para el consumo
humano, la toman de aguajes naturales.
En distintos grados, los ejidatarios hacen
uso directo o indirecto de los recursos naturales que los circundan y todos
coinciden en que estas prácticas han modificado los patrones poblacionales de
algunas especies de fauna, por ejemplo, el venado ha sido diezmado pero la
cantidad de liebres (Lepus californicus) se incrementó, otros presentan
cambios constantes a corto plazo, como las víboras de cascabel (Crotalus sp) y el halcón
peregrino (Falco peregrinus), así como algunos moluscos bivalvos cuyas
poblaciones silvestres –según habitantes del ejido que se dedican a actividades
pesqueras– aumentan y disminuyen entre ciclos que van de dos a 10 años.
En cuanto a las actividades cotidianas,
tanto hombres como mujeres tienen una rutina bien definida durante el día.
Generalmente las mujeres de Bonfil desarrollan las siguientes actividades: de
5:00 a 7:00 hrs. –se levantan una hora más temprano que los hombres– inician
sus labores con la elaboración del desayuno y preparando a sus hijos para que
asistan a la escuela; de 7:00 a 8:00 sirven el desayuno a quienes se quedan en
casa y ponen los alimentos que el esposo lleva a su lugar de trabajo; entre las
8:00 y 13:00 hrs. limpian la casa, lavan ropa, cocinan los alimentos del medio
día y reciben a los niños que regresan de la escuela; de las 13:00 a las 16:00
continúan con la limpieza, riegan las plantas de su solar, reciben al esposo
tras su jornada de trabajo en el campo, le ofrecen alimentos y comienzan a
preparar la cena; de las 16:00 a las 19:00 ayudan a los hijos con las tareas y
ordenan los útiles y ropas escolares para el día siguiente; de las 19:00 a las
21:00 sirven la cena, limpian los utensilios de cocina utilizados y
generalmente se duermen una hora más tarde que los demás miembros de la
familia. En cuanto a los cambios de rutina entre estaciones del año, ésta sólo
se modifica durante las vacaciones marcadas por el calendario escolar.
Habitualmente, la jornada de los hombres
que trabajan en actividades agropecuarias es como sigue: 6:00 a 8:00 hrs. se
levantan, desayunan y salen de sus viviendas; entre las 8:00 y 11:00, inician algunas
actividades como encender los motores del pozo de donde extraen el agua,
comienzan el riego de sus parcelas y hacen diversas labores de labranza
(dependiendo de la temporada, siembran, deshierban, riegan, cosechan etc.,);
allí mismo toman un almuerzo entre las 11:00 y 12:00; continúan sus trabajos en
el campo hasta las 15:00 o 16:00 hrs.; después regresan a sus casas a comer,
descansan un rato y aproximadamente a las 20:00 o 21:00 hrs. cena toda la
familia.
Recursos naturales: usos en
tiempo, problemas y soluciones priorizados por la comunidad
Después de realizar el TERP encontramos que
en el núcleo Bonfil (tabla 2)
la principal actividad en la comunidad es el manejo de fauna silvestre a través
de una unidad de manejo ambiental (UMA) que incluye la actividad cinegética, la
agricultura, la ganadería y la caza para autoconsumo. Los principales
problemas, en orden de importancia según los habitantes del ejido, son: altos
costos de la energía eléctrica, carencia de créditos, suelos pobres, escasez de
agua, falta de alimento para el ganado, ausencia de información sobre el manejo
de la UMA y poca disponibilidad de leña cerca del poblado. Asimismo, algunas
soluciones que propusieron son: acordar un subsidio con la Comisión Federal de
Electricidad (CFE) y agrupar un mayor número de ejidatarios (para pagar menos);
asociarse con grupos financieros; implementar programas de labranza de
conservación y de compostas y abonos; solicitar apoyo del gobierno para
construir represas; crear una asociación entre ganaderos y agricultores para
ofrecer información acerca del Programa UMA Borrego Cimarrón a la comunidad;
reorganizar la UMA y coordinarse para vigilar sus propios recursos. Quienes
elaboramos este estudio coincidimos con la identificación de la problemática,
así como con las soluciones propuestas.
En el núcleo Santa Martha (tabla
3) las principales actividades son el ecoturismo (pinturas
rupestres), la ganadería, la caza para autoconsumo y la agricultura en baja
escala. Los problemas más apremiantes son: disminución del ganado caprino
debido a la plaga del gusano y al ataque de pumas; poca organización del
Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y falta de información
acerca de las pinturas rupestres; insuficiencia de leña cercana al poblado y
menores posibilidades de caza. Algunas soluciones propuestas por ellos mismos
son: integrar una UMA para el manejo de fauna silvestre que ataca al ganado;
crear un convenio con el gobierno del estado para constituir un fondo o seguro
que cubra la pérdida de ganado; implementar una buena promoción sobre la vacuna
para atacar la plaga del gusano; gestionar ante el INAH, en el ámbito estatal,
el fortalecimiento, capacitación y mejoramiento de la calidad de vida de los
guías de Santa Martha para la visita a las pinturas rupestres; hacer promoción
local, nacional e internacional y reorganizarse para vigilar sus propios
recursos.
En el núcleo de Mulegé (tabla
4) las principales actividades son la ganadería, la agricultura, la
pesca, el turismo y la caza para autoconsumo. Los problemas más apremiantes que
se encontraron fueron falta de agua; fuertes costos de electricidad; nula
organización y falta de equipo en el sector pesquero; impuestos altos para
iniciar un negocio; menores posibilidades de caza; y poca leña disponible cerca
del poblado. Las soluciones que propusieron son: desasolvar los aguajes;
conseguir equipo para traer agua hacia los ranchos; buscar acuerdos y subsidios
de la CFE; organizar cooperativas y buscar financiamiento para equipo de pesca;
negociar con las autoridades pertinentes impuestos menos altos; y reorganizarse
para vigilar sus propios recursos.
Conclusión
El uso de herramientas participativas en
actividades de desarrollo se debe principalmente a que se ha reconocido, a
través de diversas experiencias mundiales, que el proceso de desarrollo no es
lineal ni sencillo, donde de la situación A se pasa a la B, en línea recta. Más
bien, el desarrollo es un estado dinámico en el que la participación hace
posible pasar gradualmente de una pasividad casi completa (ser beneficiarios)
al control de su propio proceso (ser actor del autodesarrollo) (Geilfus, 2001).
Así, con la aplicación del TERP en el ejido
Bonfil, las personas dedicadas a la actividad agropecuaria se dieron cuenta de
lo poco organizadas que estaban; mientras los ganaderos carecían de alimentos y
agua para sus animales, los agricultores podrían proporcionarlos mediante un
poco de iniciativa y coordinación entre ellos, y de esta manera ambos grupos se
verían beneficiados.
Tomaron conciencia de cómo cada comunidad
llevaba a cabo diferentes actividades acordes con su entorno natural: los
habitantes del núcleo Bonfil dedicados a la agricultura, la ganadería y el
manejo de fauna silvestre; los rancheros de Santa Martha, ganadería extensiva y
ecoturismo (pinturas rupestres cercanas); y los pobladores de la zona de
Mulegé, agricultura, ganadería, pesca y turismo de playa.
Con el TERP, en el ejido Bonfil se elaboró
un documento conocido como Plan de Manejo Comunitario de los recursos
naturales, el cual es esencial para un mejor aprovechamiento de estos recursos.
El trabajo desarrollado muestra las bondades de la labor participativa: la
combinación del conocimiento académico con el tradicional para generar opciones
que concilien el uso de los recursos y su conservación (Bocco et al., 2000).
Realizar este tipo de investigación
participativa acerca del verdadero uso de los recursos naturales y su
importancia para una comunidad rural nos acerca más a la realidad. Esta
metodología es importante para implementar estrategias prácticas para el buen
uso y conservación de los recursos, al tiempo que brinda la oportunidad para
elaborar proyectos de desarrollo viables para las comunidades involucradas.
Si bien la estructura científica aún no
incorpora claramente la relevancia de este tipo de investigación en su sistema,
conseguir resultados concretos y verificar enfoques en la realidad –y no
solamente en juicios de pares–, parece una perspectiva atractiva para grupos de
universitarios interesados en frenar el deterioro de los recursos naturales
(Bocco et al., 2000).
Agradecimientos
Queremos agradecer y hacer un
reconocimiento especial a la asociación Bonfil, Ambiente y Desarrollo, A.C.
Asimismo, reconocemos la colaboración en la aplicación del TERP de las
siguientes personas: a las biólogas Silvia Uscanga A. y Genny Canúl, a los
ingenieros Rolando A. Alonzo y Elvia Verónica García Chávez, a los estudiantes
Rosa García Chávez y Luis Chavarría Romero. A la mesa directiva del ejido
Bonfil, al señor Armando Naranjo R.
y, también de manera muy especial, a todos los miembros de las comunidades de
Bonfil, así como a dos revisores que contribuyeron para mejorar este trabajo.
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para la intervención en comunidades pesqueras y acuícolas, MADR-INPA, Santa
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Información sobre los autores:
Magdalena Lagunas Vázquez. Es
candidata a doctora en ciencias, en el posgrado de Ciencias Marinas y Costeras
(Cimaco), por la Universidad Autónoma de Baja California Sur, con especialidad
en manejo sustentable de la zona costera. Es autora o coautora de cinco
artículos de investigación original y de un capítulo de libro. Ha dirigido y
participado en ocho proyectos de investigación y en 18 proyectos de
restauración ecológica e impacto ambiental, entre los que destaca la
coordinación del ordenamiento ecológico en acuacultura para Bahía Magdalena,
BCS, México.
Luis Felipe Beltrán Morales. Es
licenciado en economía por la Universidad Autónoma de Baja California Sur
(UABCS); doctor en ciencias ambientales por el Centro EULA de la Universidad de
Concepción, Chile; investigador del Centro de Investigaciones Biológicas del
Noroeste (Cibnor, S.C.); miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) y
de la Asociación Latinoamericana de Economistas Ambientales; es profesor de la
maestría en economía del medio ambiente y recursos naturales de la UABCS. Es
autor o coautor de 27 artículos de investigación original; editor de dos libros
y autor de ocho capítulos de libros. Ha participado en 38 estudios de impacto
ambiental y dirigido alrededor de 20. Actualmente es coordinador de estudios
ambientales del Cibnor.
José Urciaga García. Es
doctor en ciencias económicas y empresariales por la Universidad Autónoma de
Barcelona, España; Miembro del Sistema Nacional de Investigadores, nivel II.
Profesor-investigador titular del Departamento de Economía de la Universidad
Autónoma de Baja California Sur. Profesor de la Maestría en Economía del Medio
Ambiente y Recursos Naturales (UABCS) y del posgrado (especialidad, maestría y
doctorado) en ciencias marinas y costeras, UABCS. Autor o coautor de 4 libros,
10 capítulos de libro, 27 artículos de investigación y ha participado en el
desarrollo de 14 proyectos de investigación en el área de desarrollo.
Actualmente es director de investigación interdisciplinaria y posgrado de la
Universidad Autónoma de Baja California Sur (UABCS).
Alfredo Ortega Rubio. Es
doctor en ciencias con especialidad en ecología por el Instituto Politécnico
Nacional (IPN); premio nacional en Reconocimiento a la Conservación de la
Naturaleza 2003, Categoría Académica y de Investigación; premio al Mérito
Nacional Forestal y de la Vida Silvestre 1993; miembro del Sistema Nacional de
Investigadores (SNI), nivel III. Es autor o coautor de 125 artículos de
investigación original; editor de 13 libros y autor de 45 capítulos de libros.
Ha dirigido 34 proyectos de manejo de recursos, algunos de ellos permitieron
crear y desarrollar las reservas de la biosfera de Sierra de la Laguna,
Desierto del Vizcaíno, e Islas Revillagigedo. Asimismo, ha dirigido 78
proyectos de restauración ecológica e impacto ambiental.
Page 1
109 Estudios Agrarios El diagnóstico rural
participativo y el manejo... El diagnóstico rural participativo y el manejo de
los recursos naturales María Luisa Osorio Rosales Armando Contreras Hernández
Introducción Existen más de 11,000 grupos étnicos que habitan o impactan los
biomas del mundo, lo que ha dado por resultado cambios drásticos en el hábitat
y es un peligro potencial de extinción de especies. La evaluación mundial de la
biodiver- sidad destaca que la principal amenaza para la diversidad biológica
es la pérdida, * Fecha de recepción: 19 de octubre de 2009. Correos
electrónicos: armando.contreras@inecol.edu.mx; mara.osorio@inecol.edu.mx A
partir de reconocer la heterogeneidad física, la biodivers- idad y
multiculturalidad del planeta, se cuestiona la idea de un mundo único para dar
cabida a una sociedad capaz de gober- nar el devenir planetario. Se presenta un
análisis del método de Diagnóstico Rural Participativo como herramienta de
cono- cimiento y acción, en particular para el estudio de los recursos
naturales en México. Con un enfoque transdisciplinario se con- trastan las
propuestas disciplinarias y las evidencias empíricas de participación social.
Se ejemplifican casos de Iberoamérica y se destaca el valor de las técnicas de
trabajo, la formación de colectivos sociales y el desarrollo de proyectos
locales. Palabras clave: diagnóstico rural participativo; manejo de re- cursos;
organización social; transdisciplinariedad; México. Resumen
Page 2
110 Estudios Agrarios Análisis fragmentación y
degradación del hábitat debido a la necesidad de tierras para las explotaciones
agrícolas, viviendas, industria, servicios, transporte y ocio; pero el mayor
riesgo es, sin duda, para el género humano. En la actualidad se calcula que
existen más de 10,000 lenguas en un mundo fragmentado –en conocimientos,
espiritualidad y lenguajes–, que conducen a un crecimiento exponencial del
saber que hace imposible toda mirada global del ser humano (carta de la
transdisciplinariedad 1994, citado en Basarab, 2009). La expansión del
capitalismo y su elite de poder intentan dominar la hetero- geneidad física, la
biodiversidad y multiculturalidad bajo la globalización de un sistema social,
con un tipo de organización industrial de producción, similares patrones de
consumo y aspiración en el bienestar social. Desde la perspectiva
transdisciplinaria, existen diferentes niveles de realidad regidos por
diferentes lógicas inherentes a la actitud transdisciplinaria. Toda tentativa
de reducir la rea- lidad a un nivel, regido por una lógica, no se sitúa en el
campo de la transdisci- plinariedad. Los seres humanos podemos acceder a
distintas percepciones y su comprensión está dada por la integración de
elementos que articulan la comple- jidad y señalan el rumbo de las
transformaciones sociales (Basarab, 2009). Frente a la crisis del estado
moderno, es necesario recuperar los procesos lo- cales en el uso y manejo de
los recursos naturales, la generación de conocimien- tos socialmente útiles y
el acceso a la información (Crovi, 2004). En este artículo se muestra que la
lucha por la tierra de grupos locales (indí- genas) y productores agrarios es
una forma de acceder a los recursos naturales y a la organización social. En
dichos procesos, el diseño de métodos participativos como los instrumentos de
educación y transformación social, tienen un papel fundamental en el
conocimiento de la naturaleza y la diversidad cultural. Problemas del
diagnóstico rural El desarrollo rural es un tema de debate progresivo en el
mundo. La urgencia de formular planes de desarrollo rural está presente en
todos los niveles de la admi- nistración. Para los proyectos de acción en el
medio rural y para fijar prioridades de investigación en el campo, es necesario
disponer previamente de datos fiables del sitio de interés. Durante las últimas
décadas, en el ámbito mundial y en el
Page 3
111 Estudios Agrarios El diagnóstico rural
participativo y el manejo... campo del desarrollo agrario, se diseñan métodos
variados para la recopilación de datos. Cuatro son los problemas fundamentales
que presentan la mayoría de los métodos de diagnosis: 1) Falta de un enfoque
transdisciplinario; 2) Sesgos de tiempo, espacio, género, clase y tema; 3)
Débil reflejo del discurso de los habitantes, y 4) Limitaciones económicas y
temporales para efectuar la toma de in- formación. En este trabajo se indagan
los métodos para el Diagnóstico Rural Rápido y Par- ticipativo (DRRP) como
expresión del trabajo teórico, se explica cómo encontrar el nivel óptimo de
ignorancia para enfrentar la tarea de reunir la información en un trabajo
práctico y lo más sencillo posible. Se refuerza el debate entorno al de-
sarrollo rural y los criterios pedagógicos para la formación de recursos
humanos. Se sabe que el desarrollo rural es una preocupación que puede
expresarse de manera institucional en programas de gobierno, partidos políticos
e instituciones académicas. Desde otra perspectiva, es también preocupación de
los diferentes actores sociales, ya sean los propios habitantes, los
productores de una región o los grupos con identidades diferentes –llamados en
conjunto sociedad civil–. En cada caso, el desarrollo rural puede entenderse de
manera diferente. Es frecuen- te que el desarrollo se simplifique al incremento
de los indicadores económicos de un conjunto social, ignorando los otros
elementos sociales y físico-ambienta- les. Aunado a ello, se establecen
comparaciones sin analizar las contradicciones al interior de la muestra y el
conjunto social. Estos análisis en su mayoría, buscan fórmulas generales y
tendencias únicas, sin considerar que las sociedades son mosaicos heterogéneos
y diversos que buscan en sus condiciones particulares, sus propias maneras de
ser y de vivir. Por esta consideración, las sociedades y colectivos no orientan
sus aspiraciones en un sentido del desarrollo, tal y como lo pretenden
–erróneamente– la mayoría de los análisis. El desarrollo rural es una tendencia
que pretende analizar las posibilidades de los actores sociales que aún
permanecen ligados a la producción de la tierra, ya sea en la agricultura, la
ganadería, la actividad forestal o en el manejo de los
Page 4
112 Estudios Agrarios Análisis recursos
naturales. Estas actividades generalmente están asociadas a conoci- mientos
profundos de un área o sistema biológico, llámese selvas tropicales, bosque
mediterráneo, litorales, etcétera. En otros casos, es la actividad misma la que
determina formas de organización social, por ejemplo, de cabreros o productores
de ganadería trashumante. Así, el desarrollo rural aparece como el conjunto de
propuestas que los habitantes ejercen en una región, al margen en la mayoría de
ocasiones, de las políticas locales o nacionales. Los problemas fundamentales
que padecen los diagnósticos rurales, parten de dos concepciones de la ciencia
que han tomado posiciones antagónicas para interpretar la realidad social en el
medio rural. a) La investigación holística o atomista. Las ciencias agrarias,
en general, se han ca- racterizado por su fuerte especialización. El enfoque
analítico corta en trozos la rea- lidad, la atomiza para posteriormente
profundizar en el estudio de sus partes. Frente a esta especialización, se han
desarrollado en creciente medida marcos conceptuales como los de la ecología y
la cibernética, que pretenden estudiar la realidad biofísica de manera
holística, partiendo del postulado, –una entidad es más que la suma de sus
partes–. Se reconocen propiedades emergentes de la entidad a la cual se le
llama sistema.1 En este enfoque, las relaciones y los procesos desarrollados
entre los ele- mentos del sistema adquieren una importancia fundamental, así
como su carácter cambiante: de una interpretación estática se pasa a una
interpretación dinámica de la realidad. Con este enfoque, y como respuesta a
los múltiples intentos fallidos para impulsar tecnología agraria apropiada para
zonas en vías de desarrollo, surgió a finales de la década de los setenta la
investigación de los Sistemas Agrarios (SA), Farming Systems Research (Shaner
et al., 1982; García, 1988). Shaner entiende el SA compuesto por varios
subsistemas, el sistema de los recursos naturales y unidad de gestión
comprendidos a su vez de distintos sub- sistemas como el suelo, los cultivos,
los animales y la unidad familiar –abuelos, padre, madre, niños, otros
familiares–, etcétera. Se pretende una comprensión jerarquizada del SA
insertado en una comunidad, y a su vez ésta en una región. 1 Dada la amplia
aceptación del lenguaje de sistemas en todos los sectores universitarios y de
la sociedad en general, es frecuente el uso equivocado del término. En la
práctica, muchos de lo que dicen trabajar con un enfoque sistémico no logran
superar la simple agregación de elementos. Así mismo, cabe subrayar que la
construcción de modelos (por ejemplo, el crecimiento de cultivos), que en
principio pretende reflejar de forma sistemática una realidad compleja, no es
más que una reconstrucción de ella.
Page 5
113 Estudios Agrarios El diagnóstico rural
participativo y el manejo... La definición de los sistemas varía según las
condiciones específicas, y se han hecho muchas definiciones (Fresco, 1986). En
la práctica, una investigación del SA se lleva a cabo mediante equipos
multidisciplinarios en los que las aportaciones disciplinarias se intercambian.
Se han desarrollado varias metodologías de campo, pero en muchas ocasiones no
han alcanzado el nivel de multidisciplinariedad. La metodología “Sondeo”
propuesta por Hildebrand y colaboradores (1981) es quizá la más interesante. Se
basa en salidas diarias de parejas de investigadores que después de un día
vuelven al centro y comentan entre ellos sus experiencias. Con base en estas,
un día después se forman nuevas parejas para salidas similares. Este método
estimula el intercambio conceptual entre personas de distintas disciplinas. Como
críticas al modelo de investigación de los SA se puede decir, en primer lugar,
que en general había un mayor peso de las ciencias naturales sobre las so-
ciales (Rhoades, 1984). En segundo lugar, tendía a ser económicamente costoso y
su ejecución larga. En tercer lugar, el diagnóstico se basaba en la extracción
de datos por parte de expertos, en cuyo análisis los propios agricultores
apenas par- ticipaban.2 En cuarto lugar tendía a sobrevalorar la importancia de
la agricultura en la totalidad de la problemática vivida por la población.
Analicemos con detalle cada una de las críticas. En general, los sesgos3 se
acentúan cuanto más heterogéneo y diverso es el sistema agrario en una región.
Así por ejemplo, los estudios de los modos campesinos de producción, basa- dos
en usos diversificados y múltiples del territorio, tienden a padecer sesgos de
tiempo, espacio, género, clase o tema. Lo anterior, contrastaría frente a la
rela- tiva simplicidad de los sistemas agrarios modernos de la empresa agraria,
donde la especialización y homogenización del trabajo y la actividad agraria
son altas. b) Los sesgos de tiempo, espacio, género, clase y tema. Con el
término sesgo nos refe- rimos a una visión parcial de la realidad inducida por
un determinado motivo, que encubre explícita o implícitamente, el límite de la
interpretación del fenómeno o proceso en observación. El sesgo de tiempo
adquiere importancia cuando la investi- gación se realiza solamente en un
momento determinado del ciclo vital del sistema agrario. Visitas a una zona
rural, por ejemplo, en la época seca. Es frecuente que se 2 Es indicativo para
los avances realizados en la investigación agraria con enfoque sistémico que en
el Congreso sobre Far- ming Systems Research and Rural Development celebrado en
noviembre 1994, en Montpellier, la participación campesina ha sido unos de los
temas centrales de debate. 3 Estos sesgos han sido explorados con más detalle
por Chambers, 1992.
Page 6
114 Estudios Agrarios Análisis tienda a
generar información sobre los problemas y las actividades realizadas en aquel
momento (la cosecha o la falta de agua), pero se obvian otros elementos que se
manifiestan y se llevan a cabo en otra época del año (erosión, siembra de los
cultivos, etcétera). Por otra parte, visitas en épocas de intensa actividad
agraria tienden a me- nospreciar la importancia de actividades no agrarias que
tienen lugar en otros momentos. Para superar estos problemas se propone la
presencia durante el ciclo anual, sin embargo, incluso conocer el ciclo anual
no es suficiente porque puede dar lugar a interpretarlo como algo estático e
inamovible. Lo que realmente in- teresa es conocer los criterios según los
cuales la familia agrícola da forma a su finca y a su vida, o dicho de otro
modo, a su proyecto de desarrollo. Para esto es necesario conocer la historia
de la finca, la familia y sus planes futuros. El sesgo de espacio es inducido
por trabajar con información sobre determinados sitios, olvidándose de otros.
Frecuentemente, se recopila información de las inmedia- ciones del pueblo o de
los valles, sin tomar en cuenta las tierras más lejanas o las que están en
sitios menos accesibles por su altitud o tipo de vegetación. Podrían no tenerse
en cuenta importantes relaciones orgánicas (financieras, ecológicas), entre parcelas
en sitios distintos. Chambers (1983) cita a Moore (1981) quien habla sobre el
sesgo de carretera refiriéndose al hecho que muchas observaciones se hacen
desde el coche, percibiendo nada más que la primera fila de casas en las
inmediaciones de la carretera, sin ver lo que hay detrás. El sesgo de género,
entra en juego al excluir a las mujeres de la investigación. Es un ses- go
frecuente, vinculado al hecho de que la gran mayoría de los equipos de
investigación en las ciencias agrarias se componen fundamentalmente de hombres,
aunque se sepa a priori que es esencial incorporar la perspectiva de género en
los estudios. De esta forma no se valora correctamente el trabajo de las
mujeres. En África, por ejemplo, el trabajo agrícola depende en gran medida de
ellas, sin ser menos importante en el resto del mundo. Hay diferencias en las
decisiones du- rante la producción, el trabajo y el aprovechamiento de los
frutos, técnicas y orden entre hombres y mujeres. No es raro que el sesgo de
género se haya traducido en el desarrollo de tecnología agraria que tiende a
agravar el peso laboral de las mujeres. El sesgo de clase se refiere a que los
agricultores o agricultoras entrevistadas, perte- necen a una cierta clase
social en el pueblo. Los agricultores más capitalizados suelen
Page 7
115 Estudios Agrarios El diagnóstico rural
participativo y el manejo... tener el poder, y desde esta posición pueden
captar con más facilidad la atención del investigador. Por otra parte, no raras
veces los interlocutores sociales con que un equipo de investigación establece
fácilmente comunicación, es aquella que de alguna forma está más versada en el
tipo de discurso que ofrece el grupo de trabajo. Suele pasar que las personas
que se toman en cuenta para justificar las propuestas de desa- rrollo, están
más próximas a los planteamientos de la modernización, dejando fuera a los
campesinos que practican una agricultura tradicional. El sesgo temático se
introduce con facilidad al estar compuesto el equipo por varios profesionales
de una sola especialidad. El primer sesgo temático que puede surgir es el
agronómico: el desarrollo puede problematizarse con cuestiones técni- cas de
prácticas agrarias, mientras en realidad la comercialización puede ser el pro-
blema más grave. O bien, una preocupación excesiva por los usos sustentables de
la tierra que lleva a fijar la atención, sobre todo en técnicas de conservación
de agua y suelo, mientras el acceso a los recursos agua y tierra puede ser más
relevante. La importancia de formar grupos de trabajo constituidos por
especialistas de varias disciplinas radica en su capacidad para mirar desde
perspectivas diferentes el mismo fenómeno. De este modo se interpreta el
problema que pretendemos comprender, con las herramientas que brinda cada
disciplina. En el enfoque transdisciplinario la formulación y el desarrollo de
la investiga- ción supone una construcción colectiva entre investigadores y
actores sociales, cada uno en comunicación y contribuyendo desde su historia,
las aportaciones a la comprensión de esa realidad en particular. c) El discurso
de los actores. Es difícil para los agentes externos captar el signi- ficado
del lenguaje local. Por una parte debido a que los observadores externos, en
general, manejan un lenguaje científico y urbano muy diferente al lenguaje de
los actores locales. Los agricultores se expresan de manera sencilla y
práctica, en categorías que las ciencias agrarias no consideran válidas,
mientras que para la realidad cotidiana del agricultor tienen mucha vigencia.
Durante el contacto en- tre agentes externos y productores, suele haber una
negación del conocimiento campesino, cuando de lo que se trata es de lograr una
comunicación horizontal y no de calificar de mejor o peor el lenguaje del
agricultor. Con frecuencia, los técnicos externos aplican cuestionarios con
preguntas fijas y respuestas escuetas que no facilitan la compresión de la
pregunta. Es menester
Page 8
116 Estudios Agrarios Análisis recordar que
las herramientas y técnicas metodológicas deben ayudar a estable- cer un diálogo
abierto con los sujetos sociales. Además, las entrevistas conven- cionales
tienden a dar suprema importancia a lo discursivo y lo oral, mientras que los
trabajadores del campo poseen un amplio repertorio no discursivo. (La
conciencia práctica, Giddens, 1979). d) La disponibilidad de tiempo y dinero.
La disponibilidad de tiempo y dinero ha sido uno de los principales argumentos
(Chambers, 1983) para buscar mé- todos alternativos de recopilación de
información que permitiese tomar deci- siones sobre las prioridades de
investigación y la formulación de proyectos o de acciones locales. El
desarrollo de sistemas de DRP, según Chambers (1983) ha perseguido encontrar el
óptimo nivel de ignorancia y el adecuado nivel de precisión de los datos. En
otras palabras, tener la capacidad de decidir lo que no hace falta saber o
encontrar el adecuado nivel de precisión de los datos. Este equilibrio se halla
entre los estudios prolongados, por ejemplo, los tradicionales sobre antropo-
logía y los sondeos de corta duración. En los estudios antropológicos, se logra
un considerable conocimiento de la realidad rural a través de estancias pro-
longadas, pero los resultados pocas veces son fáciles de operar.4 O bien, otros
estudios de gran duración como los agronómicos detallados, cuyos resultados a
veces se pierden entre las exigencias estadísticas y el tiempo que tardan en
publicarse. En el otro lado, se encuentran los sondeos cortos de los llamados
expertos que incurren en gran cantidad de sesgos y juicios falsos. Estas misiones
tienen más el carácter de turismo del desarrollo rural (el término es de
Chambers, 1983). La búsqueda se centra en evitar los métodos rápidos y sucios
(como sondeos y mi- siones cortas de los expertos) y los largos y sucios
(estudios agronómicos detalla- dos, etcétera), entendiendo por sucios la baja
eficiencia en los costos económicos. Se trataría de llegar a aplicar métodos
rápidos y aceptables y aceptables y lim- pios. Chambers explica el éxito del
DRP por la necesidad de llegar a información fiable en un tiempo corto (a esto
se refiere el optimo nivel de ignorancia) para contribuir al desarrollo de una
zona. Los DRP se proponen solucionar de forma 4 Lo mismo puede argumentarse
para estudios etnobotánicos o etnoecológicos, que a pesar de su importancia
para acreditar la validez del conocimiento local sobre el manejo de los
recursos naturales locales dentro de la comunidad científica, en muchos casos
no se traducen en acciones rápidas y favorables para la comunidad estudiada.
Page 9
117 Estudios Agrarios El diagnóstico rural
participativo y el manejo... aceptable la tensión entre el largo tiempo de
recopilación y procesamiento de datos en los estudios antropológicos y
agronómicos, y la falta de fiabilidad de los datos que conllevan con frecuencia
los sondeos cortos de los expertos. La evolución del diagnóstico rural
participativo El Diagnóstico Rural Rápido (DRR), surge a finales de los años
setenta, sobre todo en el mundo de habla inglesa, con un fuerte desarrollo en
Tailandia y la India. El elemento que pretendió atender fue el conocimiento
local técnico, en referen- cia a lo agrario. Suponía una revalorización del
conocimiento agrario indígena (Brokensha et al., 1980). Está afiliado a la
etnobotánica que habiendo sido du- rante muchos años una práctica que explotaba
el acervo botánico indígena para desarrollar nuevos fármacos, fue
reconceptualizada como una disciplina de la botánica que pretende acreditar
este mismo acervo dentro de la comunidad, al demostrar su coherencia científica
(Hernández X., 1985). Más tarde, se concibió la etnoecología que además de
ampliar el espectro al con- siderar el uso y manejo de los recursos naturales,
supone que la agricultura local o tradicional puede ser una excelente base para
desarrollar una agricultura ecológica- mente sustentable (Posey, 1982; Toledo,
1992 y 1993; Remmers, 1993).5 Las bases de los métodos desarrollados dentro de
un enfoque de DRR son va- rias (Grandstaff y Grandstaff, 1987). Muy importante
es unir las extensas prácti- cas científicas de convalidación de datos
utilizando el conocimiento de los actores sociales sobre su medio, en un
ambiente de conversación y diálogo. Al lograr la saturación de los datos en el
momento de recopilación que ya no se añade nada nuevo, se da por concluido el
DRR. Es más importante la validez cualitativa que la validez estadística de los
diagnós- ticos. Esto implica también que el DRR es un proceso de aprendizaje
progresivo, interactivo, flexible y rápido, que nos lleva a regresar a una fase
previa del diagnós- tico cuando surge nueva información que demanda una
reconsideración de lo ya alcanzado. El concepto de triangulación manejado
frecuentemente en el DRR, hace referencia al empleo de varias técnicas que
permiten observar un mismo fenómeno 5 Hay numerosos trabajos que revaloran el
conocimiento campesino sobre el uso y manejo de los recursos naturales.
Publicacio- nes de América Latina, Asia y África. Cabe destacar la labor de
ILEIA, (ONG de los Países Bajos) que edita la revista Newsletter, que con un
lenguaje sencillo profundiza en cada número en aspectos del conocimiento
campesino.
Page 10
118 Estudios Agrarios Análisis o tema desde
varios ángulos. Por ejemplo, el papel de las mujeres en una comuni- dad puede
investigarse a través de un juego de perfiles con un grupo de mujeres, o
también a través de entrevistas semi-estructuradas con un grupo de hombres. A
su vez, un DRR se ve enriquecido cuando se realiza con un equipo
multidisciplinario. Así mismo, la ordenación rápida de los resultados es
importante para permitir una pronta actuación. Un DRR suele realizarse en un
ambiente de taller que permite un intenso y continuo debate sobre el proceso y
los resultados del diagnóstico. Se trata de llegar a opiniones de consenso e
identificar las diferencias entre el colectivo. Re- cientemente, el trabajo
transdisciplinario propone el abandono de las disciplinas para la construcción
colectiva de los niveles de percepción y el diseño de instru- mentos que
aborden la realidad desde la complejidad (Basarab, 2009). El DRP se puede
considerar una continuación del DRR, pero con énfasis en otros aspectos. No
sólo atribuye valor al conocimiento de los actores sociales rurales, sino
también a sus capacidades de diagnosis y análisis. El agente externo pasa de
ser el que explicita información a ser el que cataliza la generación de infor-
mación, y los protagonistas locales pasan de ser lo que se investiga a
investigar su problemática y sus recursos. El cambio parece sutil, pero es
profundo. Implica también un paso progresivo desde el estudio del SA y el DRR,
en el cual el conocimiento de los actores rurales no se limita a su sistema
agrario, sino que incluye el más amplio espectro de su vivencia social y
económica, es capaz de denominar y visualizar su complejidad. En este sentido,
las técnicas desarrolladas en el DRP y la actitud adoptada por los técnicos
invitan a deshacerse del adjetivo rural, ya que la migración, el uso
generalizado de tecnologías de la información y la desterritorialización de la
pro- ducción dan paso a la Nueva Ruralidad (Diego y Conde, 2007), igualmente
válido por las nuevas relaciones rurales y urbanas. De la misma forma, la
rapidez del proceso ya no es de primordial importancia, todo depende de la
velocidad con que se establece un ambiente de confianza entre los agentes externos
y la población local. Cuanto antes se desarrolle el diagnóstico, más rápido
será el resultado y puede variar desde un día hasta varios años. También es
importante para el DRP abandonar la noción de que la realidad es “conocible”
(“knowledgeatable”), que significa que cada fenómeno se puede cono-
Page 11
119 Estudios Agrarios El diagnóstico rural
participativo y el manejo... cer y una vez que se consigue ya se tiene el
conocimiento. El DRP enfatiza que la interpretación de la realidad se va
haciendo entre los distintos actores y que por tanto está sujeta a cambios
continuos, en verdades parciales. Lo que protagoniza el proceso de Diagnóstico
Participativo es el esfuerzo por generar en los actores sociales la capacidad
de adquirir control sobre su propia situación, el llamado “empowerment”, mal
traducido como “empoderamiento”, en español el concepto de autonomía tiene
sustento sociológico y precisión. Por tanto, la semejanza con muchas
estrategias de desarrollo de base planteadas en Latinoamérica desde hace unos
40 años en el campo de la pedagogía (el trabajo de Freire, 1968) y la
Investigación Acción Participación (ver la obra editada por Sa- lazar, 1992;
López de Ceballos, 1989) surge inmediatamente. En España, este enfoque tiene
mucha relación con la llamada “animación so- ciocultural” (varios números de la
colección de Promoción Cultural). Con las siglas DRR y DRP se suele
caracterizar una amplia gama de aproximaciones. Son tantas ya que preferimos
recomendar la lectura de Cornwall et al., (1993:10 y 17) y de Schönhuth y
Kievelitz (1994:35-54). La multitud de técnicas desarrolladas dentro de las
distintas aproximaciones de DRR y DRP también es grande, tanto que desbordaría
el propósito de este artículo si se intentara enumerarlas aquí. La mayoría de
las publicaciones al respecto están escritas en inglés (véase por ejemplo Khon
Khan (1987), Theis y Grady (1991), la serie de RRA-Notes del In- ternational
Institute for Environment and Development -IIED- de Londres). ILEIA editó un
manual sobre el desarrollo participativo de tecnología sustentable; Engel y
Salmon (1994) enfatizan con su método Rapid Appraisal of Agricultural Knowledge
Systems el aprendizaje social de las redes de conocimiento. Sin embargo, hay un
número creciente de publicaciones en español. Entre ellas destaca la de
Tillmann y Salas (1994) y la de Schönhuth y Kievelitz (1994). En Honduras
existe una recopi- lación de herramientas realizada por Ardón (1994). En España
“Veterinarios Sin Frontera” y la Universidad de Córdoba organi- zaron el curso de
Diagnóstico Rural Participativo en Fuente Obejuna (Remmers y Contreras, 1995).
Posteriormente, el grupo de “Acción Comarcal del Rincón” de Ademuz gestor de la
Iniciativa Leader II realizó el Curso de DRP de la Comarca Rincón de Ade- muz
(Contreras et al., 1998). El Grupo de Acción Local “Proyecto Los Pedroches
Page 12
120 Estudios Agrarios Análisis S.A.” gestor de
la Iniciativa Comunitaria LEADER II, realizó el taller para conocer la
percepción de los ganaderos acerca del decaimiento de la encina en explotacio-
nes con producción de ovino en Dehesa (Contreras et al., 1999). En México,
existen importantes proyectos de educación popular que sin utili- zar la
terminología del DRP hicieron cruzadas nacionales de organización rural en el
periodo de 1922-1927, (Gamboa, 2007) y de educación popular, por ejemplo, las
misiones culturales en el sexenio de Lázaro Cárdenas. Posteriormente, los
proyectos de Educación Indígena y los de Culturas Popula- res realizaron
trabajos de rescate cultural en diferentes regiones indígenas (Argueta y
Contreras, 1985). En el marco del estudio de los recursos biológicos y la
conser- vación de la naturaleza, los trabajos realizados por el Instituto de
Ecología A.C. y Terra Nostra A.C., en las reservas de la Biosfera (Contreras y
Medellín, 1994; Me- dellín y Contreras, 1994) que desarrollaron un Programa de
Organización Comu- nitaria en la Reserva de la Biosfera “El Cielo”, fueron un
aporte a la participación campesina en las áreas naturales protegidas. Otro
material fundamental es el traba- jo realizado en la formación de recursos
humanos que hace aportaciones al trabajo comunitario del Centro de Capacitación
Integral para Promotores Comunitarios CECIPROC en el campo de la atención
primaria a la salud (Ysunza, et al., 1996). En los últimos años, en el
Instituto de Ecología A.C., el estudio del manejo de la vida silvestre permitió
realizar un conjunto de investigaciones centrados en el uso y conservación de
la fauna silvestre: venado cola blanca (Corona, 2003) para su aprovechamiento
en terrenos ejidales de Morelos; las tortugas terrestres en los humedales del
trópico (De la Torre, 2004; Flores, 2009); las estimaciones pobla- cionales de
cocodrilos para ecoturismo y su potencial aprovechamiento en Oaxaca (García et
al., 2007); el estudio del puma en el norte del país y la percepción de los
ganaderos sobre su impacto en actividades productivas (Bueno, 2004). Los
trabajos antes citados aplicaron metodologías de DRP para la construcción de
los diagnósticos, el estudio del recurso, la capacitación y la devolución de la
información, en el mejor de los casos para tomar mejores decisiones de uso y
conservación de las especies. En el caso de la especie endémica con uso
ornamental, Beaucarnea recurvada (pata de elefante) además de la investigación
ecológica, de conservación in situ y ex situ, se evaluó la operación de
prácticas ilícitas de extracción de especies tomadas direc-
Page 13
121 Estudios Agrarios El diagnóstico rural
participativo y el manejo... tamente de la naturaleza (Osorio y Mata, 2007); se
realizaron tres DRP para enten- der las estrategias de uso de especies de la
selva baja caducifolia, hábitat de la pata de elefante; en Trapiche del Rosario
(Contreras et al., 2003); Chicuasen (Contreras et al., 2003) del municipio de
Emiliano Zapata y en Paso Pimienta en el municipio de Comapa (Contreras et al.,
2005) en Veracruz; de los diagnósticos anteriores cabe destacar que el trabajo
también formó parte del entrenamiento de estudiantes de maestría en manejo de
fauna silvestre. En el marco del proyecto Biocafé se diseñaron diversas
técnicas para la com- prensión de la gestión en las fincas cafetaleras y el
cultivo de café bajo sombra de árboles del bosque de niebla (Manson et al.,
2008; Contreras y Hernández, 2008). Con un grupo de 21 investigadores y más de
70 estudiantes y técnicos el proyecto Biocafé logró la participación de cerca
de 300 productores, líderes cafetaleros, servidores públicos del sector del
café y empresarios del centro de Veracruz. La experiencia lograda en este
proyecto tuvo importantes impactos en la formación de equipos de investigación
transdisciplinaria, el diseño de impor- tantes propuestas educativas y, sobre
todo, la intervención en el sector cafetalero como lo muestra la formación del
Centro Agroecológico del Café A.C. Queremos limitarnos aquí a dar unas pautas
básicas que tienen las distintas aproxi- maciones y técnicas usadas en común.
En la base de todas las técnicas está una habilidad de diálogo. Las entrevistas
con los actores sociales tienen que ser flexibles, nunca estruc- turas
cerradas, sino con preguntas semi-abiertas y sin condicionar las respuestas.
Los encuentros pueden llevarse a cabo con individuos o con grupos. Es
preferible trabajar con grupos, ya que permite una continua validación de los
datos generados. Sin embar- go, no siempre es posible hacerlo así, todo está en
función del poder de convocatoria del grupo coordinador, de los participantes y
de la disposición de los habitantes locales. El uso de material didáctico en
todas sus formas puede ser enriquecedor para estimu- lar el diálogo. La
producción de mapas, diagramas, matrices, etcétera (véase por ejemplo Vargas y
Bustillos, 1989) como parte de los ejercicios no sólo motiva la participación,
también ayuda a aquellos que no poseen el don de la palabra. Estos materiales
generan al mismo tiempo excelente documentación. Dentro de la UNICEF (1993) se
ha generado un amplio debate sobre el valor de la visualización en los
encuentros participativos. En los DRRP es crucial la validación de la
información recabada con la po- blación, como parte del proceso de diálogo
interactivo. En los primeros diag-
Page 14
122 Estudios Agrarios Análisis nósticos se
refería en la literatura una fase de “devolución” de la información extraída a
la población local; posteriormente se ha enfatizado la importancia de que los
agentes externos ordenen los datos. También se propone que este traba- jo se
acompañe de la aprobación de la población local, a través de opiniones de
consenso. Por esto, los talleres de DRP siempre incluyen procesos de
evaluación, tema que merece un tratamiento por separado. El estudio de los SA,
el DRR y el DRP pueden ser empleados en principio en cualquier fase de un
proyecto de desarrollo o de investigación, desde su con- cepción hasta su
evaluación siempre y cuando estén definidos los objetivos de su aplicación.
Cuanto más participación local haya en el diagnóstico de una si- tuación, más
expectativas serán generadas entre la población, y por tanto, más urgente e
importante será una infraestructura institucional para responder y dar
continuidad a los temas que surjan. Su empleo requiere de sumo cuidado con las
expectativas que se abren. Es recomendable valorar de forma modera- da las
propuestas y ponderar el tiempo que demanda la ejecución de acciones. El estudio
de los SA, el DRR y el DRP no tienen la pretensión de sustituir la
investigación y las técnicas de diagnosis convencional. Su carácter es sobre
todo cualitativo, por lo tanto, puede generar criterios importantes sobre los
cuales basar una investigación más exhaustiva o profundizar en temas concre-
tos como las relaciones de poder, el papel de la mujer, la composición de una
pradera, la etnobotánica local, los estilos agrarios locales, una investigación
en finca, etcétera. Además, por la relativa rapidez en la documentación de sus
resultados, tiene la capacidad de dinamizar el debate sobre el futuro de una
determinada localidad. Estos diagnósticos no tendrán los resultados deseados si
no se contextualizan con la información de comunidades vecinas, de la re- gión
y de unidades administrativas del país. A continuación, se presenta una tabla
para comparar las generalidades del SA, el DRR y el DRP.6 En el siguiente
párrafo se entrara a discutir algunos de los supuestos teóricos. 6 La gradual
formalización del DRR y el DRP fue debido a tres encuentros: sobre el DRR en
Kkon Khan (1985; Thailandia), sobre Farmer First ( Campesino Primero” en 1987,
Sussex, Gran Bretaña) y el tercero sobre Beyond Farmer First ( Más Allá del
Campesino Primero”). “ “
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123 Estudios Agrarios El diagnóstico rural
participativo y el manejo... La producción de conocimiento A lo largo de la
historia, los grupos dominantes se han apropiado de los conocimien- tos y hoy
en día es a través de las ciencias, en universidades y grupos de investigación
desde donde se validan los mismos (bajo el supuesto de que el método científico
genera un conocimiento superior al que pueden lograr otras formas no
científicas) son los representantes del capital los que controlan la
información y los conocimientos. En la base de este conocimiento superior está
la supuesta objetividad del investi- gador y la neutralidad ideológica del
quehacer científico. Esto, sin embargo, ignora que un investigador al
relacionarse con su objeto de investigación (un agricultor, por ejemplo) se
sitúa en un proceso de negociación. Se produce lo que Long (1989) llama
Atributo SA DRR DRP Periodo de tiempo de mayor desarrollo: Década los setenta y
principios de los ochenta Finales de los setenta y años ochenta Finales de los
ochenta y años noventa Innovaciones más importantes se basan en: Universidad
Universidad ONG, Universidad Usuarios más importantes: Universidad Agencias de
Cooperación, Universidad ONG, Organizaciones estatales, Universidad Recursos
clave anteriormente obviados: Aspectos holísticos de la producción agraria;
interdisciplinaridad Conocimiento local de la población Capacidades de la
población local Innovación más importante: Métodos Métodos Actitud Actitud
predominante: Extractivo Extractivo Participativo, catalizador Objetivos
ideales: Aprendizaje de los agentes externos Aprendizaje de los agentes
externos Toma de decisiones de la población local Resultados a largo plazo:
Planes, proyectos, publicaciones, prioridades de investigación Planes,
proyectos, publicaciones Tiempo en que se ejecuta la investigación: De 6 meses
a 4 años 4-10 días De 4 a 10 días, abierto en tiempo Acción local susten- table
e investigación Tabla 1. Comparación entre las principales características del
SA, DRR y DRP (basado principalmente en Chambers, 1992)
Page 16
124 Estudios Agrarios Análisis una interfaz,
un punto de encuentro en el cual se transmiten conocimientos y opinio- nes
codificadas. Lo que una parte entiende, depende de su capacidad de escuchar y
de lo que el otro pueda expresar y quiera dar a entender. Por lo tanto, el
conocimiento y, en última instancia, también la realidad, es una construcción
social, su definición cambia continuamente y está sujeta a un continuo proceso
de reinterpretación, renegociación y validación. Es precisamente este hecho el
que debilita tanto el valor de las encuestas formales, que pretenden “desvelar”
la realidad, o la supuesta neutralidad de los diagnósticos. Se puede afirmar
entonces, que el investigador debe aceptar su subjetividad.7 No puede
mantenerse al margen y pretender observar sin influir en la realidad. Es per-
tinente buscar aquellas formas de interacción que permitan compartir de manera
creciente los conocimientos, sobre la base del respeto y la confianza mutua.
Estas condiciones cuentan también para la interacción entre la administración y
los ciudadanos en general, ya que el Estado no tiene el dominio sobre la
realidad. El gobierno no puede pretender ser un juez neutral y objetivo, ya que
de esta forma niega la existencia de las estrategias que históricamente las
clases sociales han desarro- llado para dar cabida a su relación con el Estado.
Estas estrategias muchas veces se en- marcan en una postura defensiva (Scott,
1985), que se demuestra a menudo en prácticas consideradas ilegales, respuestas
evasivas, dobles estrategias, un juego de decisiones de oportunidad, etcétera,
que son calificadas de atrasadas por la administración. Lo que se negocia en el
centro del encuentro entre ciudadano y Estado, y también entre agricultor y
agrónomo, es el control sobre la vida de uno. Por eso incluso, cuando
aparentemente el esfuerzo externo se dirige hacia la mejora de la condición
local, pero sin cumplir las condiciones básicas de respeto y confianza, se
desarrollan “movimientos de soslayo” (Re- mmers, 1995), es decir, evasiones,
escasa o nula participación o colaboración por parte de los habitantes locales
con los expertos, etcétera. Es también por esto, como sostienen Long y Poeg
(1989: 228), que incluso un proyecto de desarrollo discreto y localizado (es
decir, planeado y controlado), supone también una intervención ya que forma
parte de una sucesión de acontecimientos localizados de los diferentes grupos
de interés que operan en la sociedad civil. 7 Scoones y Thompson (1993) ofrecen
un tratamiento muy interesante de la subjetividad del investigador y de los
cambios paradigmáticos que implica aceptarla para la investigación agrícola.
Ver también las primeras páginas de Cornwall y cola- boradores (1993).
Page 17
125 Estudios Agrarios El diagnóstico rural
participativo y el manejo... El DRP y el desarrollo endógeno Las primeras
conceptualizaciones del desarrollo endógeno surgieron en el tercer mundo,
durante la década de los sesenta. Esto no es de extrañar, como tampoco lo es el
hecho que este concepto en el contexto europeo haya adquirido importancia sobre
todo en las zonas llamadas marginadas. En tales zonas, el modelo de desa-
rrollo capitalista y tecnócrata ha demostrado su ineficacia. Tal modelo parte
de la homogenización de la realidad rural y se guían por el concepto de
progreso que se basaba en la disminución de la población activa en el sector
agrario y en el aumento de los insumos agrícolas y del papel preponderante del
conocimiento científico. Este modelo representado por la Revolución Verde, tuvo
éxito en aquellas zonas donde las condiciones eran favorables, como las tierras
planas y homogé- neas, suelos fértiles, agricultores con poder de compra,
etcétera. En las zonas marginadas este modelo no ha podido establecerse
firmemente, y si se ha hecho, ha conducido a graves problemas ecológicos y
sociales. El desarrollo endógeno parte de una postura opuesta, reconociendo el
valor de la diversidad biológica y cultural, y del deseo de afianzar esta
heterogeneidad. En la base del DRRP está la revalorización de los recursos y
conocimientos locales. Se refiere a la generación de conocimiento en un
determinado contexto cultural, económico, agroecológico y sociopolítico, o a la
coevolución entre na- turaleza y cultura (Sevilla Guzmán y González de Molina,
1993). Como comen- tan Scoones y Thompson (1993), “extraer el conocimiento
local de las entrañas de su significado”, es intentar encajarlo en el marco
reductivo de la racionalidad científica occidental, lo cual ha llevado a
incurrir en errores importantes de in- terpretación, asimilación y aplicación.
La agricultura tradicional es un ejemplo concreto del valor de los recursos y
conocimientos locales. Esta es el resultado de largos años de experiencia
empírica y de experimentación campesina. En la actualidad, sin embargo, esta
especificidad del conocimiento local está desapareciendo a marchas forzadas
bajo la expansión de los procesos produc- tivos capitalistas, que son la cara
que adquiere la modernización en muchos sitios. Estos procesos implican una
desarticulación de los vínculos locales: en- tre el trabajo y la tierra (con la
mecanización), entre la tierra y la calidad del
Page 18
126 Estudios Agrarios Análisis producto (con
la producción de volumen de calidad homogénea), entre plantas y tierra (con la
producción en invernadero) y, en general, entre cultura y na- turaleza (Ploeg,
1994). De forma general, los recursos locales de la naturaleza (elementos que
antes solamente tenían sentido como un “conjunto vinculado de recursos”), ahora
pueden ser enajenados independientemente unos de otros. Con todo lo dicho,
entra en juego el denominado “desarrollo endógeno”, que podríamos definir como
la lucha dialéctica que realizan los habitantes de una determinada zona,
potenciando sus propios recursos humanos y naturales representados por la
organización, los conocimientos, su sistema agrario, su ri- queza ecológica o
sus particularidades estéticas. Recursos y valores locales que pueden
contrastarse con los elementos de fuera (López Calvo et. al., 1993). Ploeg
(1994) en los Países Bajos ha propuesto el concepto de estilos agrarios. Este
concepto se refiere a la organización específica del proceso de trabajo en la agricultura,
el cual implica una específica articulación de los recursos naturales con los
mercados y las tecnologías. Plantea que el principio de ordenación es el
trabajo del agricultor y su familia, frente a las convicciones de los
agraristas académicos que muchas veces intentan reducir el problema agrario a
cuestiones meramente técnicas. Lo que resalta de los estudios sobre el concepto
de estilo agrario es que rompe con las tipologías de finca clásica según tamaño
y producto bruto, al centrar el análisis en el proyecto de desarrollo que
subyace en un estilo agrario, es decir, lo importante es el camino seguido por
el productor, sus orígenes y las perspectivas con las que progresa, más allá de
las cifras de producción.8 El desarrollo según los moldes de la modernización
ha dejado a parte a ciertos grupos sociales, como en Andalucía, España, las
familias agrícolas de montaña y los jornaleros. Los últimos, por ejemplo,
forman en la actualidad un grupo virtualmente desplazado del mercado de
trabajo. Estimular el desarro- llo endógeno, sería, según Sevilla Guzmán
(2006), trabajar con estos grupos y fortalecer las iniciativas que surgen en su
seno, expectativas que prometen un cambio social y rural, revertiendo el
proceso de modernización. Tal es el caso de las cooperativas del Sindicato de
Obreros del Campo (SOC) en España. Su estructura organizativa tiene mucha
fuerza y busca relaciones con el mercado y 8 Ver Remmers (1993) para una
aplicación del concepto de estilos agrarios” en Andalucía. “
Page 19
127 Estudios Agrarios El diagnóstico rural
participativo y el manejo... con distintas tecnologías, intentando restablecer
alianzas de vecindad entre los pueblos y de solidaridad con las asociaciones de
consumidores y de producción a escala local (estas relaciones están orientadas
a un proceso productivo según patrones ecológicos). Todo esto invita a
cuestionar ideas y prácticas establecidas sobre la extensión rural. Está claro
que el modelo de transferencia de tecnología, donde el flujo de informa- ción
es unidireccional, del experto al agricultor, se limita considerablemente y es
reemplazado por un modelo bi-direccional. Aún así, pueden plantearse
diferencias ya que limitarse a que los agricultores den su comentario sobre las
tecnologías ofrecidas desde las universidades, reduce el problema a ofrecer una
respuesta. Esta situación sigue partiendo de la idea de que hay que remediar
una ausencia de conocimiento que se supone existe en los actores del campo
(Cornwall et al., 1993), en vez de considerar que los expertos pueden aprender
también de la localidad. El desafío está en que participen los agricultores en
el diagnóstico de los pro- blemas y en el diseño de soluciones, y en que se
revitalice la experimentación que los propios agricultores han tenido siempre,
así como las soluciones que han cons- truido históricamente (Tillmann, 1993).
En este sentido, la investigación en campo a través del DRRP se ofrece como un
método de experimentación que permite un proceso de aprendizaje mutuo
(Haverkort et al., 1991; Remmers et al., 1994), invitando a pensar de nuevo en
el clásico modelo de universidad-extensión agraria- agricultor, pero con
relaciones horizontales entre estas tres piezas del desarrollo.
Page 20
128 Estudios Agrarios Análisis Consideraciones
finales El trabajo positivista y la academia han pretendido adjudicarse las
propuestas trans- formadoras de la relación entre los seres humanos y la
naturaleza, sin embargo, las evidencias históricas indican que son los
colectivos sociales quienes ponen a prueba los intentos más tenaces de la
experimentación para conocer y transformar los pro- cesos de la vida y dar
sentido a formas específicas de organización social. Aun frente al capitalismo
salvaje los colectivos sociales violentan el orden impuesto y recrean formas
ilícitas para generar espacios de transformación y nuevas identidades. Así, la
vida rural avanza y retrocede ante los modelos de consumo y bienestar urbano
cada día más alejados de la comprensión de los procesos ecológicos. En México,
tenemos las bases de información para construir la andadura histó- rica del uso
de los recursos naturales desde la Revolución (1910) al México mo-
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129 Estudios Agrarios El diagnóstico rural
participativo y el manejo... derno, de las formas de participación social en
las propuestas de desarrollo local, (ver el trabajo de Ekcar Boege, 2008). La
investigación participativa en el manejo de los recursos naturales, está
contribuyendo a entender las regiones de México; el entendimiento de las
instituciones locales y las formas de conservación del patri- monio natural
permiten la construcción de estrategias de uso y el desarrollo social. En el
mosaico multicultural, las regiones –norte, centro y sur– de México presentan
ejemplos de formas de apropiación de la tierra; conocimiento de los recursos
naturales y formas de participación sumamente diversas. El embate del
capitalismo y las formas de producción industrial han marcado los rumbos de las
culturas locales y sus propuestas de desarrollo endógeno. Las oportunidades son
el resultado del trabajo compartido entre la sociedad participativa y sus
instituciones. Son opciones objetivas que podemos aprovechar con trabajo,
imaginación e iniciativa. Para aprovechar las oportunidades es esen- cial la
claridad en los derechos y las normas, certeza en la propiedad y en las li-
bertades que de ella se derivan. Pero también es requisito la justicia y la
equidad. Desde la gobernanza, el respeto al marco jurídico –de gobierno y
sociedad civil– es indispensable para lograr la co-responsabilidad en el futuro
regional, la conciliación en los conflictos, el consenso bajo principios de
solidaridad y coope- ración, precautoridad y transversalidad de las variables
ambientales. El uso de métodos participativos en el estudio de los recursos
naturales es una herramienta efectiva para intervenir en los procesos sociales
y mantener el patri- monio natural, base indispensable de nuestra existencia.
Sabemos que la antigua dicotomía entre la vida del campo y la ciudad cada vez
se desdibuja y da paso a nuevas ruralidades. En este contexto, las formas de
cuantificar la aportación de la actividad productiva también está cambiando y
los grupos sociales se movilizan entre actividades primarias agrarias (trabajo
directo de la tierra); actividades de servicio (en la atención de las poblaciones
en ciudades y pueblos rurales) y el comercio (desde la producción primaria
hasta el consumidor final) sabemos que aquella actividad asalariada será el
punto de equilibrio de la pluriactividad en la población rural.
Page 22
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